Bienvenido

Hola a todos los lectores fantasmas; anteriormente este blog estaba dedicado a otros fines, pero a sabiendas de que una vez lanzado el proyecto nadie colaboró, y todo se fue llenando de cosas personales, entonces he cambiado la bienvenida. Ahora ago una explícita invitación: a la lectura de mis desgracias literarias, que a uno que otro han gustado y, de igual manera a la colaboración por medio de cometarios sobre las burradas que puedo poner.

Sin más que decir, les deseo que estén bien a todos, y que distribuyan el link si les ha gustado lo que encuentran aquí
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domingo, 21 de septiembre de 2008

Luto

Este escrito está en los dos blogs, no sé qué sea, si alguien lo sabe por favor díganme.

Nuevamente te marchas musa, sé que existe la posibilidad de tu eterno retorno, talvez no igual, talvez sí. Brindo con humo el luto que me causa tu partida, alumbro ésta con cuatro velas en botellas de vino. La cera, no se marcha, se transforma, tú en cambio me eres incierta.

Ya no hay lágrimas, estoy seco, no hay sol en el día. Mi luna se ha escondido en la noche, todo se va: mi Soledad, mi Muerte. Me pregunto si habrá Fénix renacido de las cenizas. Generosa Vida, veo que en este momento no tienes alegrías que darme, me mandas sufrimiento.

Calíope, ¿dónde estás?, ¿qué no te das cuenta que te necesito? Tengo miedo, me siento desamparado y a la deriva, mis guías están muertos, entre muertos trozos de papel e infértil tinta. Incierto es todo, el teléfono ya no es placebo, dormir es lo más deseado: el sueño eterno, sin descanso.

Es ése el momento donde te encuentro, donde no te has ido; en el mundo onírico sigues compañera, amada, amante, madre, hija, pareja. Te encuentro ahí, plurifacial, deseable, bella como siempre, es único momento donde puedo retenerte, donde todo se vuelve perfecto, no hay tiempo: ni presente, ni pasado, ni mañana.

¿Dónde te has ido mi Hoguera?, ¿no sientes acaso mi frío, es que no ves que no sé andar a oscuras? Es claro que te marchas por tiempo indefinido, con tu partida llevas mi amada noche, por eso las madrugadas no son cálidas, todo está oscuro aún de día. Se fueron mis amantes poligámicas, a veces siento que ni yo sigo conmigo.

¿Qué podría hacer, más allá de despedir tu pureza entre blancas velas y humo de cigarros?, ¿esperabas a caso muecas alegres entre risas? Lo dije antes: no hay llanto, tampoco risas, me siento profundamente apático, ¿dónde estás Muerte?, ¿por qué me has abandonado? Ya no puedo sentir tus frágiles miembros en el viento, ni tus fríos dedos bajo las sábanas. Sin el beso nocturno que me infundía vida, comenzaré a envejecer.

Necesito tus nievos labios a mi lado, acostarme contigo, encamarnos, ¿será acaso que no me amas? Siempre habías sido distante, y alejada, ahora un muro más frío que el hielo nos separa, ya las letras no pueden alcanzarte en sus palabras, las frases ya no encuentran tus oídos para posarse. Muerte querida, si tantas cosas me has hurtado ¿por qué no hurtarme de una vez la vida?, te divierte la agonía de saberte perdida. Muerte al parecer muerta has quedado, por eso te velo con las 4 velas y el humo de mi cigarro.

domingo, 3 de agosto de 2008

El charco

Para la ocasión en que algún incauto se atreva a leer estas cosas, le obsequio un cuentito. Entró en su departamento a la misma hora de siempre –no por nada el sobrenombre en su trabajo era “el Relojito”-, sólo que esta vez habría de romper su rutina, echó un vistazo rápido para confirmar que todo estaba en orden. A los veinte minutos regresó con Sandra, él estaba nervioso, era una nueva puta, y no estaba acostumbrado a nuevas experiencias, <tranquilo hombre> decía ella con una voz sensual y áspera, como detestaba él que lo calmaran; sin embargo la belleza de su nueva amante podía perdonarle lo que fuera.Después de la sucesión de gemidos fingidos y orgasmos, el Relojito se dirigía al baño como siempre; todo estaba cronometrado, había tardado los siete minutos que tenía que tardar, un minuto más en el baño, y dos para despedir a la puta que en esos momentos debía estarse cambiando. No fue así, la puta, seguía acostada, fumando, llenando todo el lugar con cenizas para inculparlo de su delito carnal, como si no fuera suficiente el olor a sexo y, por si fuera poco, ya llevaba un minuto (1) de retraso; sutilmente la hizo vestir para sacarla del departamento (2), la acompañó cortésmente hasta la puerta pero ella se detuvo, él siguió su mirada (3), en el suelo, saliendo de la puerta del ropero, una mancha que fácilmente podía juzgarse de ser sangre. El fulgor que desprendía lo había hipnotizado (4), realmente era sangre, ¿había sido la puta para tratar de incriminarlo en algo? De pronto, sintió como si la cabeza le fuera a estallar, habían pasado ya cinco minutos de retrazo, era inaceptable, ella preguntaba qué sería eso, se paró (6), estiró la mano al picaporte y después… todo negro. Ahora él tenía dos charcos de sangre que limpiar, había perdido siete minutos para hacerlo, pero con los veintitrés restantes eran más que suficiente.